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Opinión Restaurante Olivia Santander: Cena Íntima (y Casi a Oscuras) en el Corazón de la Ciudad

Posted by on 21/01/2026

Santander tiene muchos restaurantes donde se come bien, pero pocos tienen esa atmósfera de «club secreto» que te atrapa nada más entrar. El pasado sábado decidimos probar Olivia, un local del que habíamos oído maravillas por su ambiente acogedor y su cocina diferente.

Nos habían advertido de dos cosas: que es difícil encontrar mesa y que la iluminación es… «tenue». Fuimos dos personas con ganas de dejarnos sorprender y comprobar si este pequeño rincón vale la pena para una cena de sábado noche. ¿El resultado? Una experiencia gastronómica donde el gusto se agudiza (quizás porque la vista tiene que trabajar el doble). Te lo cuento todo.

Puntuación Rápida: Mi Veredicto

Categoría Puntuación Breve Opinión
Comida 9/10 Bocados deliciosos y materia prima de primera.
Servicio 9.5/10 Sergio y su equipo te aconsejan de maravilla (déjate llevar).
Ambiente 8.5/10 Muy íntimo y acogedor, aunque excesivamente oscuro para leer.
Calidad-Precio 9/10 Pagamos unos 31€ por persona. Un precio fantástico para la calidad.

Mesa en restaurante Olivia de Santander

Mesa en restaurante Olivia de Santander

El Ambiente y la Ubicación: Intimidad al Máximo

Olivia no es un restaurante al uso; se siente más como entrar en el salón privado de alguien con muy buen gusto. El local es pequeño, con muy pocas mesas, lo que garantiza que no haya un ruido ensordecedor, pero sí ese murmullo agradable de un sitio que está lleno hasta la bandera (como estaba este sábado).

La decoración es ecléctica y cálida, pero lo que define la experiencia es la luz. O mejor dicho, la ausencia de ella. Es un sitio pensado para la intimidad, para hablar bajito y centrarse en la compañía. Eso sí, prepárate: la luz es tan tenue que cuesta leer la carta. Es parte del encanto, pero si te olvidas las gafas, estás perdido.

Análisis de los Platos: Qué Comimos

La propuesta de Olivia se basa en compartir y disfrutar de diferentes texturas y sabores. Todo estaba riquísimo, con un producto muy fresco.

1. Tartar de Atún rojo con burrata:

Fue el plato fuerte «individual» que compartimos. El atún tenía un color y una textura que denotaban frescura absoluta. El aliño era equilibrado, respetando el sabor del pescado sin enmascararlo. Un clásico muy bien ejecutado que entra solo.

2. Bandejas de Bocados Variados:

Lo divertido de Olivia es probar cosas distintas. Langostino crujiente, Uramakis, tiraditos, ceviches… Nos decidimos por pedir varias bandejas para «picotear» diferentes tipos de elaboraciones. Es la fórmula perfecta para no aburrirse: pequeños bocados llenos de sabor que te permiten hacer un viaje gastronómico sin llenarte con un solo plato pesado. Cada bocado tenía su personalidad.

(Nota: En esta ocasión no pedimos postre, estábamos satisfechos con el salado y preferimos terminar así la velada).

El Servicio: Profesionales que Guían

Cuando el local está lleno y la carta es difícil de leer por la luz, el servicio es vital. Y aquí, Olivia brilla.

Nos atendieron Sergio y una compañera, y la verdad es que da gusto ver trabajar a gente tan profesional. No se limitaron a tomar nota; nos aconsejaron qué pedir y en qué cantidades. Se nota que conocen su producto y que quieren que salgas contento, no que pidas de más por pedir. El trato fue cercano, amable y muy eficiente a pesar de que no cabía un alfiler en el restaurante.


Mi Experiencia Personal: Cuando la Confianza Supera a la Vista

Aquí va mi anécdota de la noche: llega un momento en el que te sientas, abres la carta y te das cuenta de que la luz es tan romántica e íntima que… ¡literalmente no ves lo que pone!

Podría haber sido un problema, pero ahí es donde Sergio marcó la diferencia. Al ver que dudábamos (o que forzábamos la vista), se acercó y nos guio con total naturalidad. Nos fiamos de sus recomendaciones a ciegas (nunca mejor dicho) y fue un acierto total.

Esa sensación de estar en un sitio lleno, un sábado noche, pero sentirte cuidado y asesorado personalmente, es lo que hace que quiera volver. Además, la cuenta final fue de 62,30€ en total (unos 31€ por persona), lo cual me parece un precio imbatible para lo bien que cenamos en pleno Santander.


Pros y Contras

Lo mejor (Pros):

  • La Relación Calidad-Precio: Comer así de bien por 30€ en Santander un sábado noche es un hallazgo.

  • El Servicio: Sergio y el equipo son el alma del local.

  • La Intimidad: Perfecto para parejas que quieren desconectar del mundo.

Lo peor (Contras):

  • La Iluminación: Si te gusta ver con claridad lo que comes o leer la carta sin usar la linterna del móvil, te puede resultar demasiado oscuro.

  • Disponibilidad: Al tener tan pocas mesas, es imprescindible reservar con antelación.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Cuál es el precio medio por persona en Olivia?

Nuestra experiencia fue de 31€ por persona (sin postre). Si añades postre y vino, calcula entre 35€ y 40€. Es muy razonable para la calidad que ofrecen.

¿Es necesario reservar?

Sí, absolutamente. El local es pequeño y tiene muy pocas mesas. Nosotros fuimos un sábado y estaba completo. No te arriesgues a ir sin llamar.

¿Es adecuado para ir con niños?

Sinceramente, lo veo más enfocado a parejas o grupos de amigos adultos. El ambiente tenue, la decoración y el tipo de comida invitan más a una velada tranquila o romántica que a una cena familiar con niños pequeños.

Conclusión: ¿Vale la pena?

Si buscas un sitio típico con luz fluorescente y raciones de batalla, este no es tu lugar. Pero si buscas un rincón con encanto, acogedor y diferente, donde te traten como a un amigo y la comida sea deliciosa, Olivia es un SÍ rotundo.

Es el restaurante perfecto para una cena romántica o para ponerte al día con esa persona especial compartiendo un buen tartar y dejándote aconsejar por Sergio. ¡Repetiremos seguro (y llevaremos linterna, por si acaso)!

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