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Viajar antes de internet

Posted by on 15/09/2014

Desde que está Internet este precioso instrumento se ha convertido en parte de la vida cotidiana hasta el punto que muchos de nosotros, especialmente los más jóvenes, no se pueden imaginar un mundo en el que no haya ordenador, tablet, laptop o smartphone. Sin embargo no se necesita ir muy lejos en el tiempo para llegar a una época en la que los estudiantes hacían sus deberes sin consultar Wikipedia, las oficinas eran un almacén gigante lleno de cajas de archivos y los ordenadores en las casas eran una rareza.

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Viajar antes de internet

La era pre-Internet, sin embargo, tenía su propio encanto. Más aún cuando se piensa en como se organizaban, como se vivían y como luego se contaban los viajes.
El viaje es por su propia naturaleza inmutable. Gran parte tiene lugar en nuestras mentes. Antes de partir imaginamos los lugares a los que iremos y las cosas que haremos. Cuando volvemos nos recordamos de las sensaciones que probamos, de los momentos de felicidad, de los escalofríos que aparecen de repente.

Lo que ha cambiado sobre todo es la fase de preparación del viaje. Sin tener que molestar a los grandes viajeros de los siglos pasados, solo hace 15 años, cuando todavía no se reservaban hoteles o vuelos en páginas web como esta  y se acudía exclusivamente a las agencias de viajes, la información sobre un destino se recababa principalmente de un libro, una guía turística o de un programa en la tele. En muchas casas seguramente hay un montón de guías turísticas que utilizamos en su día para inspirarnos en nuestros viajes y para ayudarnos en el destino. En mi casa por ejemplo aún hay una estantería totalmente dedicada a las lonely planets  de todos los destinos que visité…

De la agencia de viajes volvíamos con un botín de catálogos ilustrados y la imaginación comenzaba a correr… una playa vista en la foto se convertía en el protagonista de nuestros sueños a ojos abiertos hasta el día del viaje. ¿Una realidad filtrada a través de las páginas de una revista o de un servicio que visto por la tele? Puede ser. Probablemente no se estaba del todo seguro de las bondades del destino hasta la llegada, pero seguro que la sorpresa al descubrir un lugar con tus propios ojos después de prácticamente haberlo sólo imaginado era mucho mayor.

Hoy antes de llegar a tu destino ya lo sabes todo. De una ciudad, gracias a internet, conocemos los restaurantes más cercanos a nuestro hotel y el camino a seguir para llegar a ellos. Podemos ver en tiempo real cuáles son las condiciones del tiempo y recorrer virtualmente el camino desde la estación hasta el hotel de destino con Google Street View. Internet le permite hacer (casi) todo, incluso planear un viaje paso a paso, planificando las paradas en los museos, en los bares, en un jardín o en una tienda interesante…

Gracias al web tratamos de minimizar las sorpresas y los imprevistos. Pensando que lo inesperado es exclusivamente negativo. En la red leemos las valoraciones de los que se han alojado en el hotel antes y lo descartamos si un comentario no nos gusta… Confiamos en los bloggers, nuestros compañeros de viaje, y confiamos en ellos para la elección de los itinerarios, la ropa que poner en la maleta e incluso para elegir el mejor ángulo para tomar una foto!

En general esto representa un buen avance en comparación con la época antes de la llegada de internet. Pero hay un elemento que, a mi manera de ver, hay que tratar de mantener con vida. La imprevisibilidad. El ingrediente esencial que identifica un viaje y lo transforma en tu viaje. Es el elemento que te hace recordad el viaje después de 10 años como si hubiese sido ayer. Este elemento que no se puede programar y que te estropea los planes… te hace desviar de la ruta que te habías marcado con Google, te agarra de la mano y te lleva a ese callejón desde donde llega ese aroma… o esa música, o que te recomienda relajarte tumbado en un césped, cerrar los ojos e imaginar que estas en el lugar más bello del mundo. Y luego abres los ojos y ese lugar está allí, justo delante de ti.

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